Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

domingo, 19 de abril de 2009

Maldita Amistad

Amigos. ¿Bonita palabra? Tiene demasiados matices como para juzgarla a la ligera; y yo lo se muy bien. Para ti es una salvación, una tabla a la que aferrarte en la tempestad; para mí es un abismo, un obstáculo imposible de saltar. Lo esquivo, lo rodeo, lo sorteo, grito ante sus puertas maldiciendo cada uno de sus cerrojos. Una amiga, ¿no ves cómo me duele eso? la palabra me atrapa, me desgarra por dentro y acampa a sus anchas. Cobra su significado más doloroso y lo graba en mi piel como si de un hierro candente se tratara. Y entonces caen las lágrimas donde debería haber una sonrisa, porque eres un amigo y puedo confiar en ti. Porque cuando quieres eres la mejor persona que he conocido nunca y eso solo hace que te quiera más. Y vuelvo a pensar que ser amigos es lo mejor para los dos. Sin complicaciones. Pero cuando estoy convencida de que he conseguido sacarte del encaprichamiento tu imagen vuelve a mi mente y ocupa todos los resquicios. Regresas a mis sueños; y nunca como un amigo. Un aliado, un compañero, alguien con el que puedes contar. Pero yo sigo enamorada de ti sin remedio. Entonces me doy la vuelta, grito a la palabra; la maldigo y ella se burla de mí; de mi impotencia. Y yo caigo en el mar de dudas que me ahoga a diario con cada una de tus frases que tanto me perturban. Entonces estás ahí y me tiendes la mano. Me levantas y sin darme cuenta vuelves a empujarme al vacío; esta vez me abato entre los espejos resquebrajados y soy consciente de que nunca seré la chica de tus sueños. Entonces, ¿qué soy yo? Yo soy una desconocida que estaba en el lugar y el momento adecuado, que supo lo que decir y alguien la escuchó atentamente; esa persona dio un segundo paso y se convirtió en ti. Y ahora tú me llamas compañera, me llamas amiga, y yo lloro en el silencio de mi mente vacía, ante tu desconocimiento evidente. La situación me hiere pero tengo las manos atadas con quimeras vanas y complejos que me impiden gritarte por los pasillos y que te des cuenta de que no quiero ser una amiga. Ser una anónima era menos doloroso. Aunque ya me haya acostumbrado a matar el tiempo apuñalando lentamente mi corazón mientras tú viertes limón en las heridas. El dolor y yo nos hemos hecho amigos. ¿Ves? a eso es a lo que me refiero con una amistad.

Enchufados a Ene